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San José, Costa Rica, Miércoles 8 de julio de 2009,
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>OPINION
El valor de la democracia no está en elegir. Está en respetar la elección de otros y concertar decisiones aun en contra de nuestros intereses particulares. El valor de la verdad no es decir lo correcto, sino que lo correcto sea bastión de la verdad. El valor de un pueblo no está en su colectividad, sino en el deseo tenaz del individuo de ser pueblo. Así, cuando la democracia pierde su valor, es probable que no contenga nada de verdad y por tanto, no represente nunca ha todo un pueblo. Es probable que por ello, pensáramos que estaban lejos los días del terror en los cuales el brazo armado de los gobiernos tomaba posesión de la pobreza, sembrando en lugar de su pedagogía, la domesticación armada de su gente. Son independientes las ideologías que conllevan a un golpe de Estado.
Si ha de ser contraria a la opinión pública la gesta de un gobernante, los pueblos deben indicar el rumbo a seguir mediante el sufragio. Lo que acontece quizá, es que día a día comprendemos que los cánones democráticos pierden credibilidad ante gobernantes corruptos que manipulan a su antojo los poderes del Estado para obtener un escaño político, ante la pasividad manifiesta por los cobros partidistas con el fin de acceder a cursos para ser diputados y ocupar “a posteriori” una curul en la Asamblea Legislativa, ante el silencio que pretenden que impere en los medios de comunicación cuando siquiera esbozan información no acorde al pensamiento de los gobernantes.
Cada día más, los pobres miran cómo tienen menos acceso a los puestos de opinión y las estructuras económicas piramidales desembocan en la ruptura hacia las bases que les llevan al poder. La acción participativa de la gente, se reduce a una consulta popular mustia. Sus ideas son el andén de aquello que no merece escucharse más allá de su voto clandestino. Entonces, surgen los anillos de pobreza, el acceso a la fuerza de aquellos privilegios que no deberían ser más que un derecho. Y las clases sociales que existían en un entonces, ahora se tornan la historia de los libros que indican lo que pudo ser la democracia. Somos responsables los silentes, todos los que por miedo hemos callado permitiendo hablar al oportunista, al que ofrece a aquellas personas sus derechos negados por las cúpulas económicas como si fuesen algo nuevo y justamente asequible a su pobreza.
Tantos gobiernos con un aire de nuevo socialismo no son una casualidad. Es la necesidad del pobre de ser escuchado y la oportunidad que miran otros en lo que debió ser. Como pueblo, debemos estar en contra de los golpes de Estado que sólo causan mayor pobreza, menor inversión internacional y menoscabo, a todas luces, de la democracia. Como partidos políticos, se debe recapacitar sobre los cobros para recibir cursos de intereses políticos y de ese modo tener la oportunidad de representar a un pueblo, cuando el pueblo, en realidad, no puede sufragar tales abusos dentro de los partidos y el pago de los mismos, conlleva a no llevar el sustento a sus hogares, sin que importe por tanto, si el pobre tiene ideas progresistas en beneficio de la sociedad a la cual pertenece.
Como Gobierno, es necesario gobernar para los pobres con el fin de que tengan mayor acceso al estudio, a la libertad de expresión, a la probidad en el actuar de quienes nos representan. Es necesario cimentar el valor de la democracia, el valor de la verdad, el valor de los pueblos, “contrario senso”, seremos presas de más golpes de Estado en Latinoamérica, sin que exista un “mea culpa” que nos ampare y será nuestra vergüenza, que el conocimiento, sólo haya servido para hacernos ignorantes.
* Escritor costarricense.
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